Momento nchi del día: Hoy estoy contenta, hoy invito yo. Antes de continuar leyendo, si puedes, coge una cerveza, un vasito de agua fresquita o un refresco, lo que más gustito te dé en este momento mientras lees este post.
Hace unos minutos estaba dando brincos en mi cuarto mientras miraba mi cara de felicidad en el espejo y las palabras de un pajarillo por el Messenger y la voz de mi amiga Patri rebotaban en mi cabeza: “Esto tienes que escribirlo”. Yo, que no me gusta más que dar las buenas noticias a mi gente más cercana, por temor a dar la impresión de que estoy alardeando he dudado, pero mi amiga Patri insistía “No seas egoísta y compártelo con los demás” y, claro, si vosotras/os hubierais escuchado esa vocecita tan tierna que tiene mezclada con su acento cordobés, tampoco os hubierais podido resistir.
POR FIN ME HE DIPLOMADO
Ahora mismo no sé cómo me siento. Sé que estoy contenta, sé que tengo motivos para estarlo, pero verdaderamente no me lo acabo de creer. Hago una introspección y me doy cuenta de todo lo que he evolucionado en estos tres años. Joder, qué orgullosa estoy de mí misma.
Para empezar, encontrar mi camino universitario me costó pasar por dos carreras y 4 meses trabajando en Inglaterra con mi hermana. Cuando volví de Inglaterra me propuse saber qué era exactamente lo que quería hacer con mi vida. Recuerdo que todo el mundo me aconsejaba que intentara pensar en qué me veía trabajando y yo no tenía ni idea. Después de darle muchas vueltas decidí que lo único que quería hacer en la vida era ayudar a los demás. No sabía ni cómo ni cuánto, pero tenía claro que ese era el camino que quería seguir. Así que repasé de nuevo todas las carreras que había estado mirando y llegué a la conclusión de que la que más se aproximaba a mis pensamientos era trabajo social.
Llegué a primero con la inocencia y la ilusión una niña ansiosa de aprender. En seguida me di cuenta de que allí había mucha gente que no estaba en la carrera por vocación y eso fue algo que, en más de una ocasión, me hizo bastante daño porque no conseguía conectar con la gente. Emocionalmente fue un año bastante duro pero profesionalmente fue uno de los mejores que había tenido desde que salí del instituto. Con todo aprobado tuve un verano bastante entretenido y hasta mi padre se asombraba de lo tarde que llegaba a casa, algo que no es muy típico en mí dado que no soy muy nocturna.
La idea de irme de Erasmus rondaba mi mente desde ese primer año y, a pesar de que hace falta tener un mínimo de créditos aprobados para poder irte, decidí echar la solicitud. Todavía tengo guardado en el móvil el mensaje de mi madre que me decía que me habían dado la beca. No me lo podía creer. Estaba muerta de miedo, irme a otro país sin conocer a nadie, miles de dudas y de preguntas sin resolver invadían mi mente. A pesar de todo ya no podía echarme atrás, si me habían dado la Beca era por algo, así que decidí arriesgar. Bélgica superó todas mis expectativas. No sólo gané a una de mis mejores amigas (te quiero, Mamen), sino que aprendí muchísimo. Otra cultura, otro país, otras costumbres, pero sobre todo: otro idioma diferente al mío. Nada me llenaba más que eso, me encantan los idiomas, es algo que nunca me cansaré de repetir. Mi Erasmus sólo duraba 4 meses así que tocaba regresar al sur. Allí tuve la suerte de caer en uno de los mejores pisos en los que he estado en mi vida. Conocí a una de esas personas que sabes que nunca vas a olvidar (espero que algún día me quieras volver a hablar). Ya en Bélgica me planteé pillarme una Beca Seneca (sí, ya lo sé, de Beca en Beca y tiro porque me toca jajajajaja) a Madrid. Lo único es que necesitaba tener era un buen expediente para poder irme, algo que me supuso mucho estrés en determinados momentos. Pero he de deciros, que todo ha tenido su recompensa.
Esta vez el mensaje me llegó de parte mi compañero de piso, mensaje que, por cierto, también guardo. Cuando vi mi nombre en Internet no me lo podía creer: me habían seleccionado. La siguiente persona que lo supo fue Mamen, sabía que nadie mejor que ella me entendería en esos momentos. En fin… los mismos miedos que en la Beca Erasmus, quizás más, volvieron a acecharme; pero, de nuevo, decidí tirarme al río. Y bueno, aquí estoy, en plena capital con la carrera terminada y a punto de volverme.
Cuando tuve que hacer la valoración de mi estancia en Madrid para los papeles de la Beca, me paré dos veces a pensarlo. Puede que se
a por mi visión optimista, pero lo cierto es que aún habiendo sido Madrid una de las ciudades más duras en las que he vivido, he sacado muchas experiencias positivas. Lo cierto es que sin Isa, mi compañera de piso, todo hubiera sido tan distinto, tan arduo, tan duro, que no lo concibo: muchas gracias, Isa (ella suele leerme, pero nunca se anima a escribir nada). Más allá de la soledad, de las pulgas, de la dueña tan ruin que tenemos, del cambio de prácticas, de las muchos días que he pasado sin ver ni hablar con nadie, de lo caro que es todo en la capital, de la falta de apoyo social, del horario tan nefasto que he tenido, del estrés que supone estar en el último año de carrera, de los llantos sin tener a nadie cerca para que me abrazara, etc, etc.. Más allá de todo eso me quedo con lo bonito de esta ciudad. Con su gente, con su diversidad, con su interculturalidad, con las personitas que he ido conociendo (nunca olvidaré esa primera kedada), con los conciertos de Maru y de otros cantautores, con las timbaladas en el Retiro, con los paseitos por la capi con Lillo, con los distintos espectáculos a los que he ido, con las subidas y bajadas en las escaleras mecánicas del metro, con aquellas personas que han creído y confiado en mí, con las crêpes de Isa, con las visitas que he recibido (María, Conso, Abén, Antonio, Isra, mi padre, mi madre, mi hermana, Bernard, Loy y puede que alguna más), con las cartas que me han ido llegando, con las charlas interminables por el skype y por el msn, con la ilusión de encontrarme con alguien conocido por la calle (casi siempre tú, Katreyuk), con el bocadillo de calamares que me comí con Mamen, con las sorpresas recibidas (gracias Katreyuk, Tharsis, Xy y Bita), con las conversaciones mi conductor de autobús (ese que me ve bailando en la parada del autobús y, a pesar de todo, me abre la puerta para que suba jajajajaja) y con el cariño de todos los que me hicieron sentir que estaban conmigo. A pesar de que mi calidad de vida en Madrid ha dejado mucho que desear, en determinados momentos y sobre todo al final, me he llegado a sentir medio madrileña.
¿He dicho ya que estoy contenta? =)
¿Y tú momento nchi del día?
P.D. Con respecto al post del egoísmo he de decir que yo no me refería necesariamente a las relaciones de pareja, sino a las relaciones en un sentido más amplio. Esa frase es para aquellas personas que son excesivamente egoístas, no digo que conscientemente. Mi opinión es que lo mejor es tratar de ser inteligentemente egoístas.
Un bechillo de diplomada =D