Nos remontamos al 5 de diciembre de 2004, día en el que mi madre venía a visitarme a Bélgica, el país al que me fui de Erasmus (intercambio universitario entre los países de Europa).

Me levanté muy temprano, ni si quiera había salido la luz del sol. Dirigí mis pasos hacia la cocina. Caminando por el pasillo me llega un olorcillo a tabaco y me quedo un tanto sorprendida porque sólo una de mis compañeras de piso fumaba y, al ser fin de semana, se había ido a su casa, por lo que no podía ser ella. Cuando llego a la cocina me encuentro a 4 chicos (quizás también había alguna chica) tirados entre el sofá y el suelo, uno de ellos, el único que estaba despierto, fumando un cigarrillo y viendo Amèlie. Al principio me sentía molesta “¿Mi compañera de piso ha invitado a unos amigos y ni si quiera me lo ha dicho? “, pero luego di por hecho que serían los amigos del novio de ella y que habían dormidos en el salón. Con el mayor sigilo que pude, le dije “Bonjour” al único que estaba despierto y sin encender la luz de la cocina, por no despertar a sus amigos, me serví el desayuno. El chico me preguntó que por qué me despertaba tan temprano siendo fin de semana y yo le contesté algo alterada: “¡Es que hoy viene mi madre!”. Pasado mi desconcierto inicial de los “intrusos” del salón, desayuné ilusionada viendo Amèlie y pensando que en un par de horas podría estar abrazando a mi madre. Así que, terminé de desayunar, me duché y justo antes de irme pensé en dejarle una nota a la otra chica española que vivía conmigo, pero como iba con prisas no lo hice. Salí de la puerta, la cual estaba ya abierta (pensé que sería para no llenar todo el salón de humo) , diciéndole “Au revoir” al chaval.

Sonrisas, abrazos, paseos, frío y fotos… mi madre estaba conmigo. Nos pasamos toda la mañana juntas y por la tarde nos fuimos a Louvain-la-Neuve, el pueblo donde vivía, para enseñarle todo mi mundo Erasmus. Cuando llegamos al KOT (allí a los pisos los llaman así) todo estaba revuelto. Recuerdo que mis compañeros de piso (belgas) no paraban de decirme que nos habían robado, y como me sentía tan reacia a creérmelo, fui en busca de la chica española que vivía conmigo para que me lo explicara con más calma. Según ella, un par de horas después de que yo me despertara, cuando se levantó y fue a la cocina todo estaba desordenado. Faltaba comida de la despensa, los platos sucios, cereales por el suelo y una nota encima de la mesa. La nota era de la otra chica belga que se había quedado con su novio ese fin de semana, en ella nos “daba las gracias” por habernos comido su desayuno “¿Qué nos hemos comido qué?”- pensé. Mi amiga, cuando se encontró la cocina así se asustó e intentó ir a ver a la vecina del piso de arriba que también era española. Mamen se dirigió a la puerta y, para su desesperación, ésta no se abría…. ¡estaba forzada! No podía ni abrirla, ni cerrarla… Así que lo único que se le ocurrío fue dar golpes al techo con la escoba al grito de “¡Nuuuuuriaaaaaaaa! ¿Estás ahí? ¡Ayúdameeeeeee!” Nuria, que esa mañana se había despertado temprano, en cuanto oyó los gritos de Mamen bajó al piso y de una patada abrió la puerta. En fin… imaginad mi cara de póquer pensando que todo eso había ocurrido estando yo con mi madre. De pronto, uno de mis compañeros de piso, me preguntó que si cuando yo me había ido esa mañana había notado algo raro. En ese momento me vino un flash-back del chico que estaba viendo Amèlie y todo cuadraba ¡¡¡había estado desayunando con mis ladrones!!! Claro, empecé a alterarme sin dar crédito a lo que me había sucedido. Mis compañeros de piso primero se quedaron estupefactos y luego empezaron a reírse de mí “¿qué has desayunado con ellos?” Me preguntaban en francés. “Jodeeeeeer, no me lo puedo creer ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas?”-  pensaba una y otra vez.

En fin, una vez que recuperamos la calma, cogimos el coche y nos fuimos a la policía. Qué cosas, mi primera declaración policiaca en Bélgica ¡si es que soy original hasta pa’ eso! Os podéis imaginar la cara del policía mientras me preguntaba, para mí que pensó que me estaba pitorreando de él o algo así. Para que os hagáis una idea:

            Policía: “Bien, Ana, entonces me dices que no le encendiste la luz a tus ladrones para no despertarles, ya que 3 de ellos estaban durmiendo ¿es correcto? Qué amable eres”.

            Yo: “Sí, señor”

 ¿Puede haber algo más ridículo? Ni falta hace que os diga que esa fue la coña del mes y es que las noticias vuelan. “Que si me paso de trabajadora social invitando a mis ladrones” “Que si me dejas que te robe algo para que luego me dejes dormir en tu casa” En fin… anécdotas para recordar.

 

Momento nchi del día: ¡un peaso de gazpacho junto con un trocito de empanada gallega buenísimos! ¿Y el tuyo?

 

=) Bechitos mil =)