" (…) Búscome, búscome y no me encuentro.
 Y yo busco y me busco y no me encuentro.
Y no paro de buscarme más
Y doy vueltas y pienso sin parar
Y me miro en el espejo despacito
Me analizo y me enfado otra vez conmigo
Y me digo: “¡Anda ya mujer!
Si to tiene solución menos la muerte” (…)
Soy una montaña rusa que sube,
           que baja, que rie, que calla, confusa
                                        Me dejo de llevar, llevar
                                                   por lo que los días me quieran mostrar" (…)
                                                                                    (Bebe)

            Si en algún momento de la vida dejásemos de tomar decisiones todo sería un tanto aburrido ¿no? Hay decisiones de todo tipo, las esporádicas, las pasionales, las consensuadas, las que sopesamos con los pros y los contra,  las que necesitamos la opinión de los demás y, así, hasta el infinito. Cuando terminé la selectividad y tuve que pararme a pensar qué carrera quería estudiar, sin tener en cuenta el apoyo de mi familia, me sentí bastante desamparada y muy mal informada. Y es que nadie me había enseñado a tomar contacto conmigo misma para, de la manera más sincera posible, escoger una decisión coherente. Me queda un examen y seré diplomada; y  me planteo ¿ahora qué? Eso quisiera saber yo… Con la inserción del Plan de Bolonia todo está patas arriba, igualita que mi vida. Sin hijos y sin pareja estable que me ate pienso que este es el momento de seguir sin mirar atrás y me siento con fuerzas como para volar pero ¿hacia dónde? Mis sueños se encauzan a buscar el camino de la enseñanza, me gustaría llegar a ser profesora de universidad. Me hace feliz pensar que puedo instruir a alguien sea en el campo que sea, pero claro quien algo quiere, algo le cuesta, y,  ahora mismo tengo tres posibilidades: o hago un master o estudio un segundo ciclo o me busco un trabajo. Creo que si le quitase la carga emocional a mis decisiones éstas resultarían mucho más sencillas, pero a pesar de todo no me cuesta.

            A pesar de mis agobios hay veces en las que mi sonrisa se toma la libertad de bucear por este mar de dudas consiguiendo alegrarme. Y es que vaya donde vaya, Madrid (para el master), Sevilla (para el segundo ciclo) o Bélgica (para buscarme un curro), hay gente que me espera, gente que me quiere, gente que sé que en algún lugar va a estar pensando en mí. Mis amigas/os de Sevilla me postura del lotollaman muy a menudo, me escriben cartas, me miman, se reúnen todos juntos para hacerme feliz, me mandan mensajitos y me dan toques casi todos los días…. Mis amigas/os de Madrid, a pesar de que me ha costado ¡por fin me he adaptado a la capital!, son algo más que un comentario en mi blog, son unas conversaciones por el Messenger, un mensaje, un concierto, una cena, una noche de pelis, una sorpresa  y ¡felicidades! ¿Acaso puedo quejarme? Todas/os y cada una/o de vosotras/os habéis estado ahí, a veces más, a veces menos, pero últimamente me siento útil en vuestras vidas y tengo la suerte de que me lo demostráis.

            Creo que esta decisión es muy importante ahora que ya voy a terminar la carrera. Necesito recopilar toda la información que me sea posible para asentarme en mis decisiones y saber que toma el camino que mejor crea en el momento. Entonces, cuando sepa lo que quiero, volveré a sentirme tranquila conmigo misma, volveré a asentarme en una ciudad y poblaré con mi sonrisa las vidas de aquellas personas que quieran caminar a mi lado. Hasta el momento la vida me ha ido bien. Vinieron todo tipo de adversidades pero no perecí, lloré, caí y caí hasta lo más bajo para levantarme con más fuerzas que nunca, para que mis lágrimas se tornen a alegrías, para abrazar a aquellos que siempre creyeron en mí. No todos se quedan a mi lado aunque me juran y me perjuran que lo harán, que soy especial, que nunca me abandonarán y luego no es así. Sólo puedo aceptar y respetar sus decisiones. La vida es demasiado sutil para obligar a alguien a permanecer a mi lado, todos tenemos derecho a equivocarnos, a seguir nuestro camino como yo sigo el mío. Así que, la/el que se quiera quedar ya sabe dónde encontrarme y al que no, pues qué quieres que te diga, le deseo lo mejor. 

Momento nchi del día: ¡¡círculos rojos para desayunar!! ñam, ñam =D ¿Y el tuyo?