Si tuviera que describirte en una palabra, sin duda alguna, esa sería noble. Los años pasan, cambiamos, pero a pesar de tus sueños e ideales sigues siendo umira que sonrisilla =) na persona noble. Fiel a tus valores, a lo que para ti realmente merece la pena. Por seguir tu corazón te fuiste de una punta a la otra de España y, sinceramente, es algo que me admira.

Esta vez te he visto más curtido, más realista y puede que menos inocente. Me encanta la pureza que derrochas, lo diáfano que eres, esa sonrisa medio aniñada que me recuerda el día en que me pediste que me casara contigo, y eso que sólo teníamos 15 años. Lo cierto es que esa es nuestra anécdota y siempre que nos vemos la recordamos una y otra vez. De hecho, recuerdo que cuando te volví a ver después de perderte la pista durante 3 años dudaba de si te acordarías hasta que lo mencionaste. ¿Y si te dijese que eres el único chico que me ha pedido matrimonio? ¡Qué niño este! Sé que estás cambiando, esta vez te he visto un poco más distante que la vez que nos encontramos en el aeropuerto de Sevilla ¿Te acuerdas? Entonces me sentí como en las películas y el mundo me pareció un pañuelo en el que pude permitirme el lujo de coincidir con un amigo en el aeropuerto. Esa mañana, antes de coger el avión, cuando me estaba vistiendo decidí ponerme una ropa con la que me sintiese guapa y me decía a mí misma “Nunca se sabe a quién me puedo encontrar”. Qué casualidad.

Ayer estuve especialmente a gusto a tu lado. A pesar de que hacía más de un año que no nos habíamos visto hablábamos como si fuese el mes pasado la última vez que quedamos. Con silencios que no nos resultaron incómodos, riéndonos de muestras anécdotas y, yo, pidiéndote un banco de vez en cuando. Y, justamente ayer, me volvió a ocurrir lo de la última vez: me hubiese gustado saber qué se siente al besarte. Es una sensación que se agranda mientras te estoy hablando y tus ojos dejan de mirar lo míos para observar el movimiento de mis labios. Cuando se da esa situación me entran ganas de parar de hablar y empezar a sonreír, pensando y, en parte, esperando que te atrevas a besarme. Pero debido la longevidad de nuestra amistad y que nunca ninguno lo ha mencionado más allá de nuestras bromas, disimulo y hago como que no me doy cuenta. Como cuando me estabas mirando de reojo mientras yo cantaba alguna cancioncilla.

A pesar de todo, y creo que para no arrepentirme hasta la próxima vez que le vuelva a ver, en esta ocasión me he atrevido a confesarte en forma de mensajillo mis ganas de besarte, por si esta noche te vuelvo a ver en la barbacoa y te atreves a dejar de mirar mis labios para averiguar a qué saben.

Momento nchi del día: volver a verle ¿Y el tuyo?