Tras saltar de un cantautor a otro he acabado pinchando el último concierto al que asistí de Marwan (aunque no sea el mejor cantautor del mundo, y no os preocupéis que no me paga cada vez que le menciono, en gran medida representa mi etapa en Madrid), he tomado conciencia de que desde esta mañana estoy bajilla de ánimos.
Al menos, pienso, estoy en mi casa, mi madre se topa de vez en cuando conmigo, le hago cosquillas, tengo mi cuarto, el que ya tiene muebles (¡¡bieeen!!) y en fin… quedo con mi amiga María que NO es poco. A pesar de todo, la noche del sábado fue un tanto turbia. El viernes por la noche fui con mi padre a un concierto de la Oreja de Van Gogh (concierto al que yo no tenía pensado ir y al que él me invitó, qué orgullosa me siento de poder decir que voy con mi padre a los conciertos). Al día siguiente me levanté medianamente tempranito y cogí un tren para encontrarme con Sergio en Sevilla. Sin tener en cuenta que la temperatura no descendió de los 41 grados pasé una horas muy agradables con él. Me sentí con total libertad para tratar cualquier tema que se pusiera encima de la mesa e incluso debatir sus ironías (que tenían la finalidad de picarme) me resultaron harto de divertidas; hablar con alguien que sabe de lo que está hablando (aunque digas que nos “engañas”) siempre es agradable. Bueno, que me estoy desviando del tema. Resulta que me lo estaba pasando tan bien con Sergio que tomé el último tren Cádiz-Sevilla.
Me senté al lado un chico de aproximadamente unos 29 años el cual tenía una baraja entre sus manos. Él me saludó y, claro, parece que en cuanto una persona te dice “Hola” ya tienes pie para hablar de la vida y del amor. Me estuvo haciendo unos cuantos trucos de magia al tiempo que se partía de risa viendo mi cara de sorpresa (porque aunque algunos trucos me los sabía otros me dejaron sin habla). No pretendo dar más detalles, que cada una/o desarrolle su imaginación lo que quiera… Lo que yo quería reflejar es que creo que hoy estoy un poquillo tristona porque esa noche me comporté como si fuese otra persona. No sé, toda la noche fue totalmente surrealista, el chico no era para nada de mi estilo ni yo sentía que fuese del suyo. Para que te hagas una idea es de los que se suelen depilar los brazos, moreno, con un pendiente de un diamante en una de sus orejas, marcando músculos, etc… Vamos, que este tio ha sido lo más parecido a un metrosexual que me he ligado (¿o me han ligado?) en mi vida. Charlábamos en un pub y cuando me abstraía de la situación pensaba “¿Qué coño ha visto este en mí? Si yo no soy una barby”. Era de nota, él con un polo con el cuello levantado y yo con unos pantalones de lino blanco y mi camiseta medio hippie.
Mi amigo Isra dice que esto ha tenido que
aumentar mi ego, sin embargo, mi ego y yo estamos igual. Ligarme al musculitos de turno no ha sido la ilusión de mi vida; atípico sí, la ilusión de mi vida no. De hecho he cerciorado mi teoría de que a mí los hombres que me gustan son aquellos que no aparecen en las películas, con su barriguita, su barba de tres días, etc.. Esos que tienen esa belleza de la que M hablaba en unos de sus posts. Por otra parte, e invirtiendo mi pensamiento, esto quiere decir que habrá tios mega buenorros (o mejor dicho, estipulados como tal) que quieran estar con chicas como yo (que no somos precisamente de las de 60-90-60). Lo cierto es que esto no es nada nuevo, porque si todos los tios de los que me he enamorado buscaban a una Pamela Anderson de la vida nunca me hubiera comido un rosco, pero el hecho de vivir este tipo de situaciones hace que me lo vuelva a plantear todo más de lo normal. Me cercioro en que no soy chica de polvo de una noche y que igual que me satisface que un hombre me valore por algo más que por mis tetas, cuando conozco a alguien busco esa chispa intelectual en el otro para tener un mínimo de contacto físico. Qué paranoia de sábado noche.
Momento nchi del día: escuchar "u can’t touch this" y ver el video en youtube ¡me encanta esa canción y la ropa del video! Jajajajajaja ¿Y el tuyo?
Un bechillo.