“Una mujer se ha perdido, conocer el delirio y el polvo.
Se ha perdido esta bella locura, su breve cintura, debajo de mí,
Se ha perdido mi forma de amar.
Se ha perdida mi huella en su mar (…) “
(Silvio Rodríguez)
Estos días en los que he estado ausente (y sin poder avisar, lo siento) ni si quiera he tenido tiempo para pasearme por vuestros blogs. A saber cuántas anécdotas, informaciones, curiosidades y demás me he perdido. Y es que mi mes de septiembre viene pegando fuerte.
La primera semana tuve esa maravillosa noticia en la que mi supuesto estable futuro se ponía en tela de juego, algo que me hizo replanteármelo todo desde un principio. Entre medias pasó el concierto de Sabina en las Ventas, pobrecita esa entrada virtual que nun
ca llegó a hacerse real. Luego estuve ultimando el papeleo para el Congreso de Universidad y Discapacidad al que he presentado unas cosillas.
Teniendo carnet y el coche de mi padre a mi disposición no pude evitar largarme a Córdoba y visitar a una de mis mejores amigas. Yo sabía que estaba pasando una mala racha y ni si quiera pude estar el día de su cumpleaños junto a ella, así que cogí a Loy por banda y con ayuda de Miguelón, nos plantamos allí de espontáneos. Ay mi niña que se quedó fría, fría y boquiabierta, sin saber qué hacer o qué decir, sólo nos abrazábamos, nos abrazaba, nos sonreía… Por fin pude darle una sorpresa. La sorpresa que llevaba años queriendo darle, una digna de nuestra amistad con la que no tuve reparos en conducir en plena madrugada por la autopista Córdoba-Sevilla. Te quiero mucho.
Del 11 al 14 estuve en un curso de verano para cubrir ese maravilloso crédito por el que no me pude inscribir. En este curso sobre la inmigración me he reencontrado con gente muy especial. Con algunas incluso he llegado a salir de noche a tomar una tapita. Realmente no ha sido fácil escuchar por boca de algunos profesionales el trato que reciben los inmigrantes menores de edad (o también denominados MENAS: menores extranjeros no acompañados) frente a lo que nos venden los medios de comunicación. En más de una ocasión salí del curso con las lágrimas en los ojos, a veces de r
abia a veces de alegría pero siempre disfrutando del hecho de poder retroalimentarme con otros profesionales. Profesionales que a su manera, y dentro de sus posibilidades administrativas, intentan cambiar el mundo y llevar a cabo frases como: “Actúa localmente pero piensa globalmente” u “Otro mundo es posible”. Cuánta satisfacción me ha aportado el apoyo del grupo por una causa común, ha sido genial.
El día 15 ocurrió un milagro. Cuando pude recuperarme y después de pegar miles de brincos con Eloy por mi universidad le mandé este mensaje a mis padres: “Increíble y misteriosamente la suerte está de mi lado y HAN SOBRADO PLAZAS (…)”. Pues sí, a veces pillas a la suerte guiñándote un ojo, el aire sopla a tu favor y tus sueños vuelven a encauzarse. En esos momentos me siento orgullosa de no haberme hundido cuando me dieron la noticia de que podía quedarme fuera ya que aquello que ocurre no se puede cambiar y sufrir por lo inamovible es absurdo. Este mismo día 15 una nueva personita entra en acción en mi vida: Manué. Aquel chico con el que me acabé topando gracias al blog de Miada. El Central, que estaba cerrado, fue nuestro punto de encuentro aunque acabamos en el Eureka, unos baretos bastante agradables para tener unas cuantas risas, las típicas de alguien a quien acabas de conocer. Reconozco que Manué me pareció un chico muy agradable e interesante. Me pareciste/ó una de esas personas con las que se puede hablar de todo… como si nos conociésemos de toda la vida ¿A ti no te dio esa impresión?
El 16 todo empezaba p
or “S”. “S” de sábado y de SILVIO. La primera vez que le oí sólo tenía 15 años y la canción que más me llenaba del disco de vinilo de mis padres era “ojalá”. Quién me iba a decir que al final iba a verle en directo. Más viejo, sin barba y más gordo de cómo me lo habían pintado, pero con la misma voz inconfundible. Silvio es así. El ambiente del concierto era especial, la gente tenía sed de Silvio y aplaudían con fervor. Gente de todas las edades se apiñaban en las gradas, personas que algún día creyeron (y quizás hoy lo sigan haciendo) en sus ideales, personas que se enamoraron con un Unicornio azul de fondo, personas como yo que heredaron estos gustos musicales de sus padres, etc.. Mi hermana, mi padre y un par de amigas más pudieron escuchar un trocito del concierto a través de mi móvil. Confieso que no pude evitar emocionarme cuando coreamos “ojalá” en primera fila. Qué concierto tan lindo. Gracias Manué por decirme que quedaban entradas libres, gracias de verdad. Por cierto Carlitos, qué bien me hubieran venido una de tus lecciones de fotografías para poder sacarle una foto decente al cantante. =P
Y bueno, después del concierto vino mi intensa búsqueda de piso por Sevilla. En dos días he llamado a 24 pisos de los cuales 20 ya estaban cogidos. Buscar un piso donde vivir me resulta una tarea bastante penosa. En principio he encontrado y apalabrado uno, pero el hecho de que la dueña quiere que pague el mes de septiembre por la cara y que me haya tocado la habitación más pequeña de la casa (la que me recuerda mucho a la de Madrid) está haciendo que me replantee si seguir o no buscando. Está chunguilla la cosa, la verdad.
Estos son los motivos por los que he estado tan ocupada, estos y porque desde el ordenador de la casa de Eloy no podía tener acceso a blogomundo, ni a publicar ni a dejar comentarios. Desconozco el motivo, pero esa ha sido la causa de que haya estado ausente estos días. Lo siento y gracias por haber seguido escribiéndome mensajitos, sois un encanto =D.
Momento nchi del día: uuuf… tengo muchos… como que hayan sobrado plazas, el concierto de Silvio, las risas con Manué, los chistes de risa fácil con Loy ¿Y el tuyo?
P.D. Por cierto, gracias a Tania ya tengo Príncipe Azul, o mejor dicho, sapo azul =D.