un crédito
Se llama Antonio Cabrera y fue mi profesor de Introducción a la Sociología (ironías de la vida). Era enjuto y tenía un humor bastante negro a la hora de dar clases. Recuerdo que el primero día de clase nos advirtió de la importancia de ver la lista definitiva de las actas ya que conocía a alumnas/os que no habían obtenido el título por uno o dos créditos. En su momento me pareció un acto tan estúpido y nimio que pensé: “A mí nunca me pasará”.

Pues bien, hoy, 4 de septiembre de 2006, me acabo de enterar de que no me puedo matricular del segundo ciclo al que deseo acceder porque me falta un crédito (10 horas) de libre configuración. Estando en Madrid “hice” un Congreso impartido por la Universidad de Sevilla previendo esta situación, pero cuando llegué a mi universidad que no es la de Sevilla sino la Pablo de Olavide que pertenece a la provincia de Sevilla me dijeron que posiblemente tendría problemas de convalidación por no ser la misma universidad. Como no quería arriesgarme a que llegado el momento no me fueran a convalidar el Congreso, recientemente me he apuntado a un curso de verano del 11 al 14 de septiembre de 3 créditos para no tener ningún problema a la hora de obtener ese dichoso crédito que me falta.

Ahora mismo sólo pienso que “No todo está perdido”. El plazo de la primera inscripción finaliza mañana por la noche, y si para entonces no tengo ese crédito convalidado no podré matricularme en el segundo ciclo hasta el 28 de septiembre. El día 28 será la segunda tanda para la gente como yo que no pudo inscribirse en la primera fase de matriculación. Cabe decir que el año pasado ni si quiera hubo segunda tanda porque no sobró ni una plaza.

Verdaderamente hoy es un buen día para relativizar, como le he dicho a mi amiga Maruka (¡ánimo, preciosa!) hay cosas mucho más importantes en la vida… Pero que efímeros pueden ser nuestros planes en cuestión de segundos, por unas horas, en el transcurso de un par de llamadas… la vida es así de inesperada. (Deseadme suerte mañana, me pienso plantar en mi universidad a mendigar una plaza)

Bechitos no tan sonrientes, ni si quiera tristes, pero no sonrientes.