Esto es lo que me he encontrado hoy en el espacio de mi compi de piso del año pasado… definitivamente no está pasando una buena racha.
“Hoy es aquel mañana por el que tanto suspiraba ayer
Hace un año por estas fechas estaba agobiada por los últimos exámenes de la carrera. Las prácticas empezaban a disgustarme, sentía que ya no aprendía nada, que no se me tenía en consideración y que me quitaban un tiempo, que de haberlo tenido, me habría evitado más de un disgusto con algunas asignaturas. Vivía en un piso con gente que no tenía en cuenta a los demás, es decir, sin cuidado de ruidos y sin cuidado de ensuciar (luego limpiar). Mi afán por obviar cualquier tipo de pensamiento y/o sentimiento que hiciera volver a mi cabeza imágenes de recuerdo o de “y si…” de mi última/única relación seria, me llevaron a vivir sólo para trabajar (y olvidar). Mañanas a clase, tardes de práctica y fines de semana de trabajo basura. Otras relaciones no me hacían sentirme mejor, como bien decíamos (Ana y yo), atraíamos a lo más rarito, que parecía que teníamos más bien un consultorio psicológico o era psiquiátrico?.
Me empeñé en que sería capaz de todo, de aguantar en las prácticas los seis meses, trabajar los fines de semana y sacar todas las asignaturas.
Por estas fechas todo empezaba a desmoronarse. Y estaba a punto de acabar conmigo. Al menos logré ver que necesitaba los fines de semana, especialmente cuando se acercaban los exámenes. Sobreviví a los miedos, al agujero del estómago y a los nervios. Hice lo que pude, y me decepcioné, porque evidentemente no conseguí todo lo que me marqué. El segundo cuatrimestre tampoco fue fácil, sobre todo por el trabajo final de carrera. Mi recuerdo general del último año de carrera es que fue un año muy duro, en el que nos exigieron más que ningún otro año, y en el que lo pasé fatal.
Pero siempre pensaba en que es septiembre ya no tendría que ir a ninguna clase, en noviembre y en diciembre no tendría que hacer ningún trabajo, y después no tendría que estudiar ningún examen. Ya está. Todo terminaría pronto, adiós inseguridades, miedos de fin del mundo y nervios. Seguramente estaría trabajando en Madrid, viviría en otro piso, mucho mejor que este, haría cosas que me hicieran sentir bien, y disfrutaría de esta ciudad, porque claro, mi trabajo me lo permitiría. Todo era mucho mejor que en el momento.
Bien, hoy podría ser uno de esos estupendos días por los que tanto suspiraba ayer. El año pasado tuvo también algunas cosas buenas, como conocer y vivir en el mundo de la mujersonriente (Ana), el maravilloso viaje a Cuba, y por supuesto el hecho de terminar la carrera y ser toda una Licenciada. Bueno, y conseguir no sentir, no pensar, no imaginar nada sobre/con/de Él.
Ana volvió al sur, en Cuba no pude quedarme el resto de mi vida, y sigo siendo Licenciada, claro. Pero el piso no es mucho mejor; de momento sólo puedo hacer algo que hace que me sienta bien y llevo dos meses buscando trabajo. Inocente de mí, pensaba que sería algo más fácil, o en su defecto no minaría mi moral. Pero no es así.
La pereza se a apoderado de mí, acumulo horas y horas de sueño, vivo la mayoría del día, a veces todo, en un salón triste y apenas sin luz, con una gata blanca, gorda, sucia y hambrienta (que no es mía) y mi ordenador portátil. Ya me aburre Internet, me desquicia enviar mails y mails con mi currículum y observar que mi teléfono móvil no se ilumina ni una sola vez por una llamada de entrevista. La pereza, hace que no me apetezca salir, que todo sea para mañana, y que hasta empiece a mimetizarme con el sofá de cuadros azules y amarillos.
Resulta que no soy bilingüe ni de inglés ni de alemán, ni si quiera de francés, aunque sepa. No puedo ser becaria ni hacer prácticas porque soy LICENCIADA. No tengo más de 26 años, sólo 23, ni de 3 a 5 años en ningún puesto similar al suyo. Sólo pequeños convenios basura de tres en tres meses, que apenas suman un año. No tengo vehículo propio, por aquello de que con sueldo de becaria, carrera, piso y comida en otra ciudad, no me da para esos lujos. Y tampoco tengo una agenda propia de contactos del mundo cultural, político, ni de fuentes de información.
Podría haber sido uno de esos grandes futbolistas, que ganan miles de millones de euros al año por entrenar duro, dejarse la piel en los partidos, hacer una vez cada dos meses una jugada insólita y tirarme otros tantos de baja por lesión.
Podría haberme liado con un famoso (o no) y pasearme por la televisión aireando historias inverosímiles a cambio de buen fajo de billetes, y futuro asegurado en papel de prensa del corazón.
Podría haber sido una estupenda política local, municipal o nacional, mientras enriquecía mis arcas con trapicheos urbanísticos o de otro fondo ilegítimo.
Podría haberme hecho cantante o frikie de vocación para que me pagaran 1000 euros cada semana por mi permanencia en el show, me regalaran un portátil, una cámara de fotos, un mp3, ropa y un coche. Además del trabajo y el dinero asegurado durante un par de años. O si no, unas cuantas sumas de dinero por unos cuantos minutos de verborrea contra el resto del mundo de la farándula, o por unas preguntillas ante un detector de la “verdad”. O incluso podría haber sido noticia gracias a un “falso” descubrimiento de armas en mi maleta, para luego presentar un programa, escribir un libro y ganar una millonada por mi desnudo.
Pero mira tú por donde, decidí que quería estudiar periodismo, como podría haber elegido estudiar otra cosa, o trabajar. Así que, con el esfuerzo laboral que mi padre realiza de 9 de la mañana a 10 de la noche, pude estudiar lo que yo quería, sin que importara ni dónde ni cuánto. Y me pasé cinco años preparándome para una profesión en la que me sentiría feliz, puesto que es lo que quería, y con cuyo sueldo podría vivir de acuerdo con la sociedad que hemos construido. Y ahora que le CONSEGUÍ:
1) Sería más rentable con alguna asignatura pendiente, porque podría trabajar igual que cualquier otro, o al menos con la misma responsabilidad y exigencias, pero por una cuarta parte de su sueldo.
2) Me iría mejor si fuera un icono del deporte sin méritos; una cada dura sin profesión ni oficio; una mafiosilla con reconocimiento y voto democrático; o imagen del circo mediático.
Pero como no soy nada de eso, y parece que con estudiar una carrera no es suficiente, de momento sólo puedo aspirar a buscar un trabajo cualquiera, para aumentar mi formación a base de pagos de miles de euros (academia y título de idiomas, curso de…), cada cosa, claro. Y esperar a que se me ofrezca la posibilidad de trabajar sin que sea determinante la experiencia. Aunque siempre será, por supuesto, con mucho más esfuerzo que el de los “famosillos” y por mucho menos dinero.”