Me gusta balancearme en los recuerdos que tengo asociados en algunas personas en determinados momentos. Me llena sentir que hay determinadas personas para las que sí que soy una preferencia en su vida y me lo demuestran, en mayor o menor medida, a su manera. Y eso que en algunas ocasiones lo de “demostrar” me ha supuesto más de un quebradero de cabeza. Por muchas vueltas que le haya dado, las relaciones ya sea de amistad, de pareja o familiares, en su mayoría se basan en las preferencias que cada uno/a establezca. Es como si yo tuviese una lista mental y en ella estableciese por un orden determinado y según mis prioridades las personas que giran en torno a mi vida. En esta lista, como todo en la vida,to sonriente. nchi hay excepciones. Pero en general, los cupos de personas lo van llenando esas que son significativas para mí.            

Tengo la certeza de que mientras siga viva seguirán entrando y saliendo personas en mi vida. Algunas dirán que me quieren y lo demostrarán, otras dirán que me quieren y aún siendo cierto no lo demostrarán y otras dirán que me quieren y seguramente no sea verdad. Gente con contradicciones como la vida misma, con sus miedos, con sus ilusiones, con sus errores, gente, en definitiva, como yo. Algunos (y puede que en su minoría algunas) sólo querrán un polvete, un magreo, un pasarlo bien sin sexo, un salir de juerga, un cine o un teatro. Muchos nunca podrán conocerme por el hecho de que nunca han intentado conocerse a sí mismos, otros (los vampiros de energía) se arrimarán a mí para absorber mis rayitos de alegría y cariño. Algunos estarán de paso, otros caminarán conmigo ¡y ya caminan! Si tengo suerte, si la vida se tercia y nos lo permite, algunas de esas personas se enamorarán de mi persona, de mis sonrisas, de mis burdas manías por oler los lápices, los libros antiguos, por mandar mensajitos tontos a horas imprevistas, por llamadas inesperadas, por postales desde el otro lado del mundo, por mis frases filosóficas cuando proceden (e incluso cuando no proceden), por mi tiramisú o mi cous-cous, por mi afán de superación, por mi constancia, por mi olor, por mis labios, mis ojos o mis curvas, por aquellas historias que nadie conoce y cuento un día por que sí y por mil cosas más.

Y si te confieso una cosa más, así en secreto y entre tú y yo, yo también me suelo enamorar de determinadas personas. De esas que me hacen vibrar de alegría el alma y el corazón. Esas personitas que luchan por su familia, que andan descalzas por la casa para hacer rabiar a su mamá, que me llaman muy de vez en cuando y me hacen reír sin parar, de esas que me invitan a ver películas frikis mientras se fuman un porro, de esas que me mandan paquetes desde la otra punta del planeta (ya sean con regalitos, colacao o aceitunas), esas personitas que para otras personas pasan inadvertidas (todavía me pregunto cómo eso puede ser posible) y para mí son esenciales. Esas que te regalan piedras en forma de chakras y amor, que no me juzgan por abrazarlas, que piensan en mí para ir al cine, al teatro o a un concierto, de esas que me escriben un e-mail, que les gusta hacerme reír, que me dan mimitos, que me llaman por teléfono, que comparten conmigo sus escritos, que me fotocopian apuntes, que se acuerdan de mis anécdotas estúpidas, que me dejan un comentario cada mil años (qué bien sienta leeros), etc…

Paseo de la mano con vosotros, e intento mirar hacia delante con aquellas personas que ya me han desechado. Y no me importa que lo hagan, que me tiren al recuerdo, porque me hacen reafirmar todo ese tamiz (como diría mi profesor de psico) del que estoy rodeada que me dota de sentido. Mi vida tiene sentido y esas personas consiguen que tenga más peso aún. Cada vez más asumo y acepto que somos seres sociales, que de alguna manera u otra dependemos de los demás y cuanto más lo pienso más encaja todo en mi mundo. Tengo claro quiénes estáis ahí y quiénes no. Nchi.

Este año está siendo muy estresante pero lo cierto es que no puedo evitar sonreír al decir que: soy feliz (y me hacéis feliz). Y el que quiera venir que venga y el que quiera seguir que siga, ¡y al que no le guste que no mire!

Nchi

 

Momento nchi del día: salir por la noche y conocer un trocito más de la vida de mi compi Di y la cara de sorpresa de Patri al verme sin esperarlo. ¿Y el tuyo?