Una canción, un texto y un árbol… cuanta creatividad derrochada por nuestra especie en un sólo post. No hace falta decir que la creatividad no es mía, yo sólo junto mis gustos y los comparto, las personas nunca cesan de sorprenderme. Hoy tengo un concurso de fotografía al que me voy a presentar, bueno, os confieso que este es el segundo al que me presento. Aunque no sea una profesional como el Carlitos Martínez (el que tiene sus huevos =P) también me gusta captar la realidad a mi manera, y si de paso me dan dinerillo pues eso que tengo demás.
Además del concurso llevo en mi bolsillo unos cuantos sugus llenos de papelillos de colores que puedo lanzar al aire a mí misma o a otra persona si me siento mal para auto-animarme, lo que no está nada mal. No son como los bombones de Patri pero también tienen su significado.
Bueno, que me he quedado sin Internet y me perderé (un poquito más si cabe) unos cuantos días. La canción (Mr Jones de Counting Crows) me recuerda mucho a mi hermana (y Paul Simon me recuerda a mi madre), siempre que he podido la he llevado conmigo como un recuerdo inconfesable que se conserva eternamente en esta melodía. Necesito música para vibrar un poquito más por dentro y afrontar todo que tiene que venir (para bien o para “no tan bien” =P).
Un besito y a disfrutar, gracias.

Momento nchi del día: ayer, ayer y ayer. ¿Y el tuyo?
“Resulta que en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por lo tanto buenas semillas de hierbas buenas y malas semillas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una se le antoja despertarse. Entonces se estira, y extiende tímidamente hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una maleza, hay que arrancarla en seguida, en cuanto se la pudo reconocer. Ahora bien, había unas semillas terribles en el planeta del principito… eran las semillas de baobab. El suelo del planeta estaba plagado de ellas. Y de un baobab, si uno se deja estar, no es posible desembarazarse nunca más. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y si los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.
“Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.”

Y un día me aconsejó esforzarme en lograr un buen dibujo, para meter bien esto en la cabeza de los niños de mi tierra. “Si algún día viajan, me decía, esto les puede servir. A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Había ignorado tres arbustos…”

Y con las indicaciones del principito, dibujé el planeta en cuestión. No me gusta adoptar un tono moralista. Pero el peligro de los baobabs es tan poco conocido, y los riesgos a correr por quien se pudiera perder en un asteroide tan considerables, que por una vez hago excepción a mi reserva. Digo: “Niños! Tengan cuidado con los baobabs !” Es para advertir a mis amigos sobre este peligro cercano, desconocido para ellos tanto como para mí, que trabajé tanto en este dibujo. La lección brindada bien valía la pena. Ustedes se preguntarán quizá: Por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs ? La respuesta es muy simple: lo intenté pero no lo pude lograr. Cuando dibujé los baobabs estuve animado por un sentimiento de urgencia.” (El Principito, Antoine Saint Exupéry)
Un baobab africano